Un rincón para sentir, para dejarse llevar, para volver y para empezar... para volver a ser la niña que cada noche soñaba escuchando la radio asomada al alféizar de su ventana; para empezar a ser la mujer que cruzó la puerta de su pequeño paraíso para irse, vivir y anhelar volver.
Mi otra cara, la que busca ser profesional...
domingo, 25 de marzo de 2012
domingo, 4 de diciembre de 2011
Y mi otra mitad... él.
Y aquél domingo el Oviedo llevó a Valdebebas el espíritu de un Tartiere que para mí sonaba lejano...
Recién llegada a casa sólo puedo dar las gracias. Porque en tan sólo un día y junto a ti, he recordado por qué me pasaba los fines de semana pegada a la radio con ocho añitos cuando apenas entendía la dimensión de aquél deporte, de aquellos colores, y aquellas palabras. Ni siquiera sabía qué significaba ser carbayón, pero yo sentía que lo era, y me gustaba. Hasta entonces nada me paralizaba durante más de dos segundos, y un gol en el Tartiere colapsaba mis sentidos. Porque recordé también por qué nos picábamos y apostábamos lacasitos en los clásicos. Por qué disfrútabamos tanto. Porque el fútbol iba a ser también la razón para conocer y querer a la que hoy puedo gritar bien alto que es como una hermana para mí. Porque hoy me he vuelto a dar cuenta que el fútbol lo es todo para mí y la razón es simple; no se trata de una pelota, de veintidós jugadores, de innumerables medios de comunicación o de cientos de discusiones en la barra de un bar. El fútbol son grandes y geniales nombres propios, conocidos o maravillosamente desconocidos, que conforman mi vida. Que se convierten en entrenadores de categorias modestas, en periodistas tan humanos como profesionales, en jugadores que son tan puros como su juego o en aficionados enormes de esfuerzos aún mayores. Grandes y geniales nombres propios que se convierten incluso en tus anhelos, en tu mejor amiga, en tu mejor amigo, o que no son otros que tu padre y tu madre, que siempre han estado ahí. Son cientos de gargantas, miles de palmas o millones de miradas puestas en algo común. Y es que es eso lo bonito, es más lo que nos une de lo que nos separa. Y pienso unirme a ti, para toda la vida. El sentimiento que nos une está claro, es azul.
Recién llegada a casa sólo puedo dar las gracias. Porque en tan sólo un día y junto a ti, he recordado por qué me pasaba los fines de semana pegada a la radio con ocho añitos cuando apenas entendía la dimensión de aquél deporte, de aquellos colores, y aquellas palabras. Ni siquiera sabía qué significaba ser carbayón, pero yo sentía que lo era, y me gustaba. Hasta entonces nada me paralizaba durante más de dos segundos, y un gol en el Tartiere colapsaba mis sentidos. Porque recordé también por qué nos picábamos y apostábamos lacasitos en los clásicos. Por qué disfrútabamos tanto. Porque el fútbol iba a ser también la razón para conocer y querer a la que hoy puedo gritar bien alto que es como una hermana para mí. Porque hoy me he vuelto a dar cuenta que el fútbol lo es todo para mí y la razón es simple; no se trata de una pelota, de veintidós jugadores, de innumerables medios de comunicación o de cientos de discusiones en la barra de un bar. El fútbol son grandes y geniales nombres propios, conocidos o maravillosamente desconocidos, que conforman mi vida. Que se convierten en entrenadores de categorias modestas, en periodistas tan humanos como profesionales, en jugadores que son tan puros como su juego o en aficionados enormes de esfuerzos aún mayores. Grandes y geniales nombres propios que se convierten incluso en tus anhelos, en tu mejor amiga, en tu mejor amigo, o que no son otros que tu padre y tu madre, que siempre han estado ahí. Son cientos de gargantas, miles de palmas o millones de miradas puestas en algo común. Y es que es eso lo bonito, es más lo que nos une de lo que nos separa. Y pienso unirme a ti, para toda la vida. El sentimiento que nos une está claro, es azul.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Crecer, al derecho y al revés.
La vida es pura contradicción: error y acierto a la vez. Sabemos que no todo es blanco o negro, que existen los matices, pero cuando queremos a alguien queremos contar con esa persona en todo, incondicionalmente. Odiamos los extremismos pero aborrecemos las medias tintas porque no llevan a nada, porque no nos convencen... Anoche me di cuenta que tenías razón, piensas las cosas la mitad que yo, pero quizá por eso tengas razón, no sé lo que quiero. Sé cómo lo quiero, sé qué siento a cada instante.... pero lo que quiero no lo sé, es algo tan natural y espontáneo que lo voy averiguando a cada paso que voy dando. Lo que doy no son tumbos, son clases prácticas de lo que a otros que escogen no vivir, les van contando.
Asturias
"Allí estabamos las dos, esperando nuestro turno para pagar. Sostenía un pequeño árbol de Navidad similar al que yo, avergonzada, escondía en mis brazos. Se dio cuenta de que me había quedado mirando su pequeño tesoro y le sonreí. Ella, ruborizada y con los ojos como platos, se giró hacia su madre para decirle: ves mamá, no es pronto para poner el árbol... Vi en aquella niña todo lo que ya no sabía ver en mí; aquello que no consigues poniendo un árbol de Navidad en el salón, aquello con lo que me reencuentro cada vez que me subo a ese autobús: un hogar al que volver sin el que no tiene sentido ir detrás de tus sueños."
miércoles, 26 de octubre de 2011
Dividirte en dos...
Cuando piensas que el día va a acabar sin más, bajas a tomar un café al bar... llegas tarde, tu cita ya no está. Sacas tu portátil y un chico se sienta a tu lado. Trabaja para médicos sin fronteras y si al escucharle le miras directamente a los ojos puedes ver toda la penuria, malnutrición, dolor y barbarie que impregna su alma. Avergonzándote de ti misma, buscas esquivarle mirándo tu taza. Ojalá algún día tuviera el valor para decidirme a hacer lo mismo, piensas.. y luego, cuando se despide porque en 4 horas coge un avión hacia Nairobi, tu burbuja se rompe. Te quedas allí, jugando con su tarjeta entre tus dedos y te ves rodeada de gente superficial, un móvil que no funciona, un café que no sabe bien y el vacío en el pecho de no estar viviendo por y para quien lo necesita en cualquier rincón de este puto y cruel mundo.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Gravedad...
Esa extraña necesidad de aliviar tu pesar, de compartir tu soledad. De que mi cuerpo sea tu abrigo cuando el corazón se canse de volar a la altura a la que el suyo no vuela contigo.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Cómo olvidarlo... si jamás podré entenderlo.
No había cumplido los once años y estaba frente aquél gran televisor en casa de mi tía, sentada en el suelo. Todo el mundo se quedo en silencio, no daban crédito. Y yo revisaba todas las esquinas de la pantalla buscando algo que me dijera que aquello no era real, que era una película. Pero no, la voz titubeante de Ana Blanco no dejaba dudas. Era real. Un desgraciado accidente. Cambias de canal en busca de certeza, pero no encuentras nada. Entonces vuelve a pasar, otro avión, y un grito ahogado recorrió aquel salón. No quería hablar con nadie, me acurruqué en una esquina y me hice ajena a las conversaciones. Mis retinas captaron durante horas imágenes que nadie habría imaginado. Ni era un accidente, ni el ser humano está hecho para comprender tal atrocidad aunque aquél día se demostró que sí para cometerla, despojándose de todo rastro de humanidad. Dile tú a esa niña que dejara de llorar aquella noche encerrada en el baño mientras maldecía a Dios por toda la gente que había visto lanzarse por las ventanas en su desesperación. Me quedaban muchas cosas por comprender aún, y cada vez que comprendo alguna aparecen otras tantas que se me escapan. Aquél día el mundo se paró, pero no estoy segura de que el hombre aprendiera la lección. Y ese es el peor de los homenajes a las víctimas, porque a ellas y los que las querían una guerra injusta, el dinero y el fanatismo les arrebató la vida, y nosotros, que tuvimos ante nuestros ojos tan barbarie aún no sabemos vivir las nuestras y hacer más fácil la de los demás. Luchar por las personas y no por los ideales. Diez años después esa niña sigue llorando su incomprensión dentro de mí, y no creo que deje de hacerlo nunca.
domingo, 21 de agosto de 2011
VeintiunoDeAgostoDeMilNovecientosNoventaYDos.
Hubo un día, un día en el que conocí a una princesa. Pensaba que sólo estaban en los cuentos. Si todo el mundo sabe que no hay principes azules... ¿por qué esperar que las princesas existan?. Pero allí estaba ella. Inundaba con la sonrisa toda la habitación. No era poca la gente que se movía a su alrededor, ajenos a la excepcionalidad de lo que tenían delante, pero a pesar de ello, no podías eludir que ella estaba allí. El resto se difuminaba. Una melena larga y un flequillo con el que proteger la pureza de sus ojos hacían de aquella muchacha una chica normal, ocultando bajo unos leggins y una blusa el material del que está hecho una princesa. Siempre quise ser una y no pude más que acercarme a escuchar. Fue entonces cuando supe que no lo averiguaría mirando, oyendo o estando cerca. Es algo que está mucho más abajo de la piel, mucho más lejos del alcance de la mano. El secreto de aquella princesa estaba en su corazón, era el más frágil, bonito y bueno que una mujer puede llegar a desear tener. Algo imposible. Las mujeres normales podemos vestirnos de princesas, pero mujeres nos quedamos. Ella era una princesa. Desde entonces doy gracias por tenerla cerca, por poner la mano sobre su pecho y mirar en el fondo de sus ojos cuando soy la peor de las mujeres, o mejor dicho, la más mujer de las mujeres. Porque no hay que ver ni tocar, ni tan siquiera hablar. Sólo hay que sentir, y cuando os encontréis con una princesa lo sabréis. Yo a ella la siento conmigo. La llevo conmigo para encontrar la pureza que los demás no tenemos, la llevo conmigo para cuidarla y mimarla como las princesas de los cuentos. La llevo conmigo, porque mirad si es buena y bonita esta princesa que no tiene un Hada Madrina, tiene dos. Y la quieren por encima de los finales felices, de los personajes de cuento y de los guiones de peliculas. La quieren sólo a ella, sólo por ser ella. Porque yo no quiero príncipes, yo ya tengo a mi princesa. Feliz Cumpleaños Belén Picazo.
Duérmete para despertar.
Quitate la ropa. Túmbate y cierra los ojos, relaja tu cuerpo y deshaz la tensión de tus hombros. Has cargado peso que no era tuyo. La luz está apagada y sólo te acompañan tu esencia y tu conciencia. Respira ligero y suspira desde lo más profundo. No pesáis nada. Estás tranquila, eres tú. No tienes que ser lo que los demás quieren. No finges ni temes. Alguien ha empezado a quererte, y esa eres tú misma. Ahora sueña, vuelves a tener alas y son más bonitas que nunca. Aún amas, pero ya no duele.
viernes, 12 de agosto de 2011
Como nunca antes...
Estoy recuperando un millón de sensaciones que deberían alejarme de ti y no hacen más que conseguir que te tenga más presente. Estoy sola, estoy en mi habitación y estoy frente a un folio en blanco... tres cosas que hace mucho que no experimentaba, que me llevan al pasado, a la que era antes de conocerte, y que no consiguen que te deje atrás. Pero no es sólo eso, a lo largo de esta semana apenas he podido ver que sonrieras al verme, ni siquiera me has acostado con mensajes cariñosos y casi no hemos rozado nuestras manos. Mil historias han llamado a mi puerta prometiéndome mil cosas que no me importa si eran de verdad o no, porque esta misma mano que no has rozado ha cerrado todas ellas con cuatro llaves y las ha tirado al mar.
¿Sabes? No creo que seas consciente de lo que despiertas en mí, o quizá no quieras serlo porque yo no despierte en ti lo mismo, a estas alturas importa poco ya porque lo mio no puedo ni quiero evitarlo, soy de esas que prefiere hundirse a quedarse mojada en la orilla con la sensación de no haber vivido. No me pregunto si esto va a pasar de septiembre o si morirá para entonces, creo que tengo un curso entero para llorar por ello y lo tengo asumido, es algo de lo que no pienso ocuparme ahora. Pero hay ciertas cosas que dentro de toda la confusión que también despiertas en mí que tengo muy claras. No me paro a preguntarme si lo que siento por ti o contigo crecerá, si se me irá de las manos o se me caerá el mundo a los pies cuando no te tenga. Sólo quiero que estés cerca hasta entonces y comprobarlo en mí misma, aprender y madurar con lo que dejes en mí quieras seguir a mi lado haciendo que crezca o no. Pídeme que te olvide, y no podré pero lo aceptaré si eso te hace feliz. Pídeme que te quiera y perderás el tiempo, porque ya lo hago. Pero no me pidas que te quiera a medias, porque te quiero sin querer y eso es algo que escapa a mi voluntad, que siempre ha prescindido de ese verbo.
¿Sabes? No creo que seas consciente de lo que despiertas en mí, o quizá no quieras serlo porque yo no despierte en ti lo mismo, a estas alturas importa poco ya porque lo mio no puedo ni quiero evitarlo, soy de esas que prefiere hundirse a quedarse mojada en la orilla con la sensación de no haber vivido. No me pregunto si esto va a pasar de septiembre o si morirá para entonces, creo que tengo un curso entero para llorar por ello y lo tengo asumido, es algo de lo que no pienso ocuparme ahora. Pero hay ciertas cosas que dentro de toda la confusión que también despiertas en mí que tengo muy claras. No me paro a preguntarme si lo que siento por ti o contigo crecerá, si se me irá de las manos o se me caerá el mundo a los pies cuando no te tenga. Sólo quiero que estés cerca hasta entonces y comprobarlo en mí misma, aprender y madurar con lo que dejes en mí quieras seguir a mi lado haciendo que crezca o no. Pídeme que te olvide, y no podré pero lo aceptaré si eso te hace feliz. Pídeme que te quiera y perderás el tiempo, porque ya lo hago. Pero no me pidas que te quiera a medias, porque te quiero sin querer y eso es algo que escapa a mi voluntad, que siempre ha prescindido de ese verbo.
He deseado muchisimas veces ser la chica más normal del mundo, no tener sueños, ni inquietudes y tener una vida estable que ofrecer a quien me pueda llegar a querer. Pero no soy esa chica y pocas veces lo he lamentado tanto como ahora. Sé que no resulto fácil de querer y que probablemente nadie lo hará nunca por todas las complicaciones que ello conlleva. Soy un puñado de huesos adornados por un culo de colombiana que no para, una cría que volvería loco a cualquiera con sus reflexiones en voz alta, sus idas de olla o su manera de comprender o no comprender el mundo. Pero no una chica normal. Sólo me acerco a sentirme así cuando estoy contigo, cuando me miras como si no hubiera ninguna otra capaz de hacerte sentir esas cosas, cuando me tocas como si fuera la más bonita del mundo o cuando me sonríes como si me garantizaras que nunca vas a dejar de hacerlo. Aunque no sea cierto, es el regalo más bonito que me han hecho nunca. Mi futuro está en Madrid, pero ahora estoy aquí y estoy sólo para ti. No me dejes de lado tan pronto, no quieras más al miedo que a todo lo que aún podemos experimentar juntos. Porque si algo he aprendido desde que estoy fuera es que el tiempo puede convertirse en el peor de tus enemigos si no lo comprendes, pero que puede dejarte momentos maravillosos si aprendes a aprovecharlo. No hay nada como estar lejos de lo que quieres para aprender a valorarlo, y ahora sé que cada minuto es importante, que cada detalle cuenta y que cada esfuerzo se ve recompensado. Me da igual la tele, me da igual la rutina, me dan igual todas las complicaciones que el día me calce... si ese día ha merecido la pena es un día que te ha dado el tiempo y no un día más de los que suele robarnos el resto de nuestras vidas. Tú haces que esos días merezcan la pena, y ya lo dice Luis Fonsi, quiero amarte hoy, por si no hay mañana. Me parece justo, déjame ser yo... déjame tirarme cuesta abajo sin frenos, de otro modo me matas. Tú está claro que puedes y podrás vivir sin mí, y yo que ahora mismo no sé hacerlo sin ti, lo más justo sería que me dejaras llevarme esos momentos conmigo. Asumo y firmo en esta carta todos los riesgos que conlleva quererte, pero no me ates... me hago responsable de los daños en mí y prometo evitar los tuyos.
Dijiste que te gustaba mi voz, y te la di... fue humillante, pero te la di. Mi cuerpo no hay duda que para mi desgracia ya sólo te pertenece a ti y eso sí que se escapa de mis manos. Y siempre quisiste mis palabras y aquí las tienes. Son las que me alejan de ti, escribir así ha hecho que esté en Madrid. Son como tú, odio escribir bien, odio quererte tanto. Pero sois dos de las cosas que dais sentido a mi existencia.
Dijiste que te gustaba mi voz, y te la di... fue humillante, pero te la di. Mi cuerpo no hay duda que para mi desgracia ya sólo te pertenece a ti y eso sí que se escapa de mis manos. Y siempre quisiste mis palabras y aquí las tienes. Son las que me alejan de ti, escribir así ha hecho que esté en Madrid. Son como tú, odio escribir bien, odio quererte tanto. Pero sois dos de las cosas que dais sentido a mi existencia.
“Para tu tranquilidad me tienes en tus manos, para mi debilidad el único eres tú...”
viernes, 5 de agosto de 2011
Hay que ser más hombre...
Por mis cojones que son las últimas lagrimas, que es la última humillación, que es la última noche que te doy. Por mis cojones. Hay cosas que una ya sabe de antemano pero que se niega a aceptar. Ahora ya sé que no me gusta la persona de la que me he enamorado y que no quiero estar con ella, pero no sé cómo dejarla por la simple razón de que la necesito para respirar. Hay pocas cosas que odie tanto como quererte, porque tú no sabes hacerlo. No sabes que para hacer temblar de placer a una mujer hay que hacerle sentir que es la única para ti. Desde dentro tú no lo ves, pero hay que ser más hombre para amar a una mujer. Para mí, en mí, se acabó. El resto, me da igual, y la sonrisa, la pintaré en el mismo lugar. Entre tu aparente cariño y tu verdadera faz.
jueves, 4 de agosto de 2011
Ma... drid.
Aquella niña con cuerpo de mujer era como Madrid, no pasabas tú por ella, ella pasaba por ti. Podías hacerle daño mientras te dejara anidar en su pecho, más del que puedes imaginar, pero jamás te reirías de ella. Hacía siempre lo que sentía, y no todo el mundo tiene huevos para hacer eso. Pero tú, tú eso ya lo sabes. La dejaste un día, la necesitaste todos los siguientes.
viernes, 29 de julio de 2011
El doble filo de la felicidad.
Sólo quería ser feliz, y llorando se ahogó en su barco de papel. No había vuelta de hoja, estaba todo escrito por él. Por mucho que ella intentara borrarlo con sus lagrimas, no cambiaba la realidad, sólo emborronaba el alma y las ganas. Mojaba su hastío en el agua en calma, entregaba su vida y su ser en su cama y apenas le quedaba hueco en el alma para coger un pedazito de ella y reservarla, para cuando ni él ni la vida se dignaran a tratarla. Se negó a quererla y ella se negó a no sentirse querida. Era suya y de nadie, era del mar y del viento, era tanto que no era nada, era todo con él y un despojo tras la farsa. Tanto fue que empezó a ser menos, tanto que sus pulmones se encogieron y en su agonía, sólo podía gritar para sus adentros. Tanto que él no quiso sentir y ella ese lujo jamás se lo pudo volver a permitir.
Aquella anciana mujer se pasó la vida escribiendo a la tristeza, sola y abrazada a un álbum polvoriento y viejo. Más de sesenta años y un océano de lágrimas le costó entender lo que aquella noche, en una lucidez tan tardía como repentina iba a confesarme; "Mírame pequeña, la vida ya se había reído bastante de mí como para que ahora se pudiera permitir el lujo de hacerme daño... no te enamores." Para ella ya era tarde; para mí... también.
Aquella anciana mujer se pasó la vida escribiendo a la tristeza, sola y abrazada a un álbum polvoriento y viejo. Más de sesenta años y un océano de lágrimas le costó entender lo que aquella noche, en una lucidez tan tardía como repentina iba a confesarme; "Mírame pequeña, la vida ya se había reído bastante de mí como para que ahora se pudiera permitir el lujo de hacerme daño... no te enamores." Para ella ya era tarde; para mí... también.
lunes, 25 de julio de 2011
Por la boca muere el pez...
Todos somos valientes hasta que llega el día en que dejamos de serlo. Cuando tus manos, tu boca y tu voz dejan de pertenecerte a ti y se las das por completo a alguien cada día es un reto, un dulce reto que atenaza tu cuerpo. Tienes miedo. Yo ya no ser sin ti, y eso me da auténtico pavor. ¿Cómo has conseguido que una persona que siempre ha pisado el suelo deba esforzarse ahora por bajarse de las nubes? Yo sé cómo, hubiera bastado con que no me besaras, con que no me miraras así, con que tu manos no me hubiesen hecho subir al séptimo cielo y con que tu boca no me hubiera hecho creer que tengo derecho a ser feliz. Hubiera bastado con que no te hubiera conocido, pero ya es tarde. Ya es tarde porque ahora que te conozco, no sé querer otra cosa que no empiece en tus labios y termine en tus brazos. Porque no tengo otro hogar que tu cuerpo y otro fin que tu felicidad. Sólo me frenas tú. Sólo me aceleras tú. El resto no cuenta.
sábado, 16 de julio de 2011
Princesa de papel.
"Se aferraba a la sábana como si aquello fuera a darle el afecto que necesitaba. Aquel pequeño somier en el cuarto de servicio se le hacía grande y el colchón de plumas duro. No era cama para una princesa, pero ella no tenía claro si quería seguir siéndolo. Para qué subir, para qué intentar rozar con la punta de los dedos las pequeñas cosas que de niña anhelaba si la ahoga el temor a perderlo todo. Para qué intentar atrapar una estrella, si cada vez que se pone de puntillas para cogerla alguien le ponía la zancadilla. Allí, en el cuarto de servicio, estaba bien. No había ventanas, asi que no podía soñar con la luna. No entraba el sol, así que no veía como su melena rubia se apagaba con el paso de los días. Las ojeras y el frío envejecía la piel de su rostro hasta hacerla similar a la de su corazón. No confiaba en que nadie la dejara ser feliz, quizá no lo merecía. Quizá había hecho tanto daño aprendiendo a ser mujer que ahora no había nada en el mundo que pudiera reparar el vacío que ella misma se iba creando. Él no tenía derecho. Había sido su amiga y confidente, su hermana mayor.. y ahora, ahora no era nada, era una cualquiera, porque la lujuria y el alcohol le cegaba. O quizá la que había estado ciega de cariño había sido ella. Quizá aquel dia estaba aprendiendo otra lección, o quizá solo ponia otro pesado lastre a su espalda. No es oro casi nada de lo que reluce apuntó en el resquicio mas triste de su mente. Volvía a sentirse defraudada. Le escocían tanto sus últimas palabras de desprecio que abría el grifo de la bañera y se sumergía en ella para llorar sin que nadie se diese cuenta y limpiarse de tanto reproche. Nunca era tarde para sentirse sucia y gris de nuevo. Sólo había algo que hacía de aquella mañana una mañana diferente, y era pensar que algún rincón de aquella ciudad, alguien pensaba un poquito en ella. Princesa de papel la llamaba su doncella, en cuanto llovía se deshacía como una niña entre sus brazos y se le emborronaban las letras de amor en sus ojos. Un amor que siempre describía pero que jamás supo sentir.
domingo, 12 de junio de 2011
jueves, 9 de junio de 2011
O son do ar.
Nunca la había visto así, jamás había imaginado que la vería moverse con aquella soltura entre las sábanas, las cortinas y los tenues rayos de luz que apaciguaban éstas. Deslizaba los dedos por su cuerpo, jugaba con su pelo y acariciaba la tela envolviendo su desnudez en ella y perdiendo su mágica mirada en la ventana. Luego me miraba, y sonreía al verme allí, pasmado en la cama, sin poder quitar ojo de cada uno de sus gráciles movimientos. Se inclinó sobre la cama y con una sutileza casi celestial la recorrió por encima de mi cuerpo llegando a mi boca, rozándola sin besarla y diciéndome en un susurro: vámonos fuera. Estaba maravillosamente loca; era otoño, estábamos en medio del bosque y la húmedad era un habitante más de aquél lugar, pero sabía que no la haría entrar en razón aunque le explicara cómo era el clima de su tierra. Su locura era el secreto de su belleza. Saltó de la cama con un brinco elegante y grácil y dando pequeños saltitos llegó al perchero y, mientras yo seguía allí sorprendido por la idea de salir fuera de la cabaña, ella cubrió su cuerpo desnudo con un grueso abrigo marrón que le llegaba hasta algo por encima de la rodilla, y sonrió satisfecha por lo que se le acababa de ocurrir. Siempre había querido hacerlo. Sin apenas darme tiempo a reaccionar, cogió otro más rudo, azúl oscuro y me lo lanzó casi a la cara.
Sirviéndose de una melodía inventada en su cabeza, danzó de un lado a otro de la habitación cual espíritu celta disfrazado de muchacha rubia, y se calzó las botas tarareando mientras imprimía velocidad a mis lentos y estupefactos movimientos. Abrió la puerta, dejó que entrara una sorprendente bocanada de aire puro, y jugando con el contraluz de la claridad, se quedó bajo el marco dejando entrever con su silueta y su mirada a dónde debía ir, mientras que con claridad me tendía su mano. Até los cordones y tras envolver su cintura mientras ella sostenía la puerta, volvió a rozar mis labios con su boca, me sonrió con la mirada y cogiéndome de la mano me arrastró hacia el bosque.
Aquella tarde nos dimos calor en los sitios más recónditos de aquel lugar, hilando caricias sobre el colchón de las hojas y el abrigo de los árboles; al volver la noche, junto al hogar de aquella casa, ella hizo que la lumbre pareciera hielo al lado de la calidez que había conseguido darle a mi cuerpo en el frío. Me hubiera quedado allí para siempre, anidando besos en su pelo y dibujando caricias invisibles en su pecho a la sombra del fuego, pero aquello, aquello tan sólo era un sueño.
Sirviéndose de una melodía inventada en su cabeza, danzó de un lado a otro de la habitación cual espíritu celta disfrazado de muchacha rubia, y se calzó las botas tarareando mientras imprimía velocidad a mis lentos y estupefactos movimientos. Abrió la puerta, dejó que entrara una sorprendente bocanada de aire puro, y jugando con el contraluz de la claridad, se quedó bajo el marco dejando entrever con su silueta y su mirada a dónde debía ir, mientras que con claridad me tendía su mano. Até los cordones y tras envolver su cintura mientras ella sostenía la puerta, volvió a rozar mis labios con su boca, me sonrió con la mirada y cogiéndome de la mano me arrastró hacia el bosque.
Aquella tarde nos dimos calor en los sitios más recónditos de aquel lugar, hilando caricias sobre el colchón de las hojas y el abrigo de los árboles; al volver la noche, junto al hogar de aquella casa, ella hizo que la lumbre pareciera hielo al lado de la calidez que había conseguido darle a mi cuerpo en el frío. Me hubiera quedado allí para siempre, anidando besos en su pelo y dibujando caricias invisibles en su pecho a la sombra del fuego, pero aquello, aquello tan sólo era un sueño.
miércoles, 8 de junio de 2011
Cuando estar no es ser...
No se me caen los anillos, ni se me atraganta el orgullo cuando soy yo misma; cuando me preocupo por quien no se preocupa por mí, ni cuando soy la primera en pedir perdón, en preguntar cómo estás o en sincerarme y decir que te quiero. Ni tan siquiera cuando recibo el bofetón matutino de la vida por haber puesto la mejilla la primera. Volvería a poner la otra. Sólo se me cae la cara de vergüenza cuando hago lo que los demás esperan o prefieren que haga. Es entonces cuando pienso que para no ser yo, mejor no estar.
jueves, 2 de junio de 2011
Olvídate.
Que no. Que no es la misma, no te atrevas a jugar a conocerla. Témela y acertarás, porque ni ella misma sabe por dónde va a salir esta vez, pero puede garantizarte por dónde no va a hacerlo; y ese lugar es por dónde tu quieras. Allí ha sido capaz de lo mejor y de lo peor, ha rozado lo más bajo por momentos pero ha tocado el cielo con la punta de sus dedos... ha sentido en su piel lo que supone elegir, el riesgo de equivocarse y el placer de acertar. Pero sobre todo lleva tatuado por todo su cuerpo besos, caricias y suspiros que ni tú alcanzarías a imaginar; lleva marcadas a fuego en el alma cicatrices, gestos y miradas que no se leen en los libros, que no se dicen con palabras. Así que todas las que a ti te sobran, buscas otra excusa y a ella se las regalas, porque esta princesa allí sola aprendió a no esperar y con ellos a ser esperada.
lunes, 30 de mayo de 2011
Imposible.
Y pasaba el tiempo sin poder contarlo, porque contaba los mil brillos que se reflejaban en tus sonrisas y ahora el reloj arrastra todas sus horas cual cadenas y sus minutos cual pellizcos, a la fuerza, sin sentido. Quedamos en irnos, tú de alma y yo de cuerpo, tú ya estabas ido cuando ella vino y ahora soy yo la que, sin despedirse, ha puesto tierra de por medio y seguido su camino. Te cojo el teléfono, me reconforta oír tu voz y sé que a ti imaginar mis ojos, pero no te equivoques, cuando vuelva todo seguirá como cuando me fui. Cuelga mis besos, marca su número, llama a tu vida, borra de tu agenda la mía.
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